aún después

Poemas sueltos

Tango del masoquista

Escrito por Luis Aura el jueves, enero 08, 2004

“…Acércame tu ausencia hasta el fondo,
pesadamente, tapándote los ojos,
crúzame tu existencia, suponiendo
que mi corazón está destruido…”
Madrigal escrito en invierno - Pablo Neruda

Quiero que me pase algo, sentirme realmente mal, imaginar a este taxi volcándose en la siguiente glorieta, o bien, que en mi próximo vuelo de placer o de negocios, el avión aterrice estrepitosamente. Necesito un accidente pronto, que el hospital detenga esta locura; prefiero enfermeras a psiquiatras. Busco la desgracia donde otros encuentran la felicidad. Estas ganas inmensas de volar y de cortarme las alas son los malos modales que me enseñaste. Esta ansiedad de tumba, de ser solamente herida y sangre y dolor vivo. Esta pasión de clavos y manos de martillo son la herencia de tu amor artesanal, ebanista sin corazón, carpintera. Recuerdo tus costumbres domésticas y asesinas, el método tan caprichoso y dulce para envenenar mi desayuno a diario y convencerme que no lo hacías por rutina, sino por amor. Porque para ti el amor era una forma de hacer daño, de hacer un mueble, de dejar huella. Por eso, aunque me dejaste el cuerpo adolorido y el alma llena de moretones, te extraño terriblemente. Siempre tuve miedo a tu ternura. Cuando decías «te quiero» eras más peligrosa, sabías que ése era tu mejor golpe. Entonces yo te creía, me sentía correspondido y empezaba a soñar; y mis sueños eran de una dulzura tan blanca, tan inocentes que te hacían llorar. Por lo tanto, sentías el compromiso de salvarme y me decías la verdad; comprendías que ya no era posible protegerme con mentiras. Al final volvías a ser la misma maligna y cruel amiga, capaz de convertir un round de box en una metáfora de ásperas caricias.

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