Sueño de una noche de fin de año
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas…”
Happy New Year - Julio Cortázar
Para qué me sirven los sueños, si en ellos además de imposible eres cruel. Si mis pesadillas son premoniciones y no me permiten engañarme. Esta nostalgia que siento es peor porque añoro lo que nunca jamás sucedió. Las ojeras son sombras y deseos sin cumplir. No hay lágrimas que borren semejante maquillaje. Si tuviera recuerdos. Si entre nosotros creciera algo más que flores o palabras. Si realmente el amor sin mentiras piadosas para sentir de nuevo tu piel suavemente entre mis dedos. Bastaría cerrar los ojos y aspirar profundamente tu perfume. Esta lengua entre mis labios repetiría lentamente tu sabor más profundo, ese gusto indescriptible a ola, a vainilla, a sirena de cama dispuesta a la fuerza de mi sangre, a mi ansiedad afirmada como una espada. Y eso, amor mío. Si tan sólo este deseo tuviera historia y no únicamente soledad. Por eso no quiero decir tu nombre ahora. Para qué darte alas –ángel, gaviota– si de cualquier modo vuelas y cantas lejos de mí. Si son otros los que perfeccionan tu vuelo y te componen canciones. Por eso repito en silencio el brindis que nunca tuvimos. Por eso regreso al dolor que tiernamente dejaste como compañía. Por eso, vida mía, cada fin de año es más difícil mirar tus fotografías.


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